Bienestar y salud

Cómo viajar sin enfermarte antes, durante y después del viaje

personas empacando sus maletas para viajar

Viajar somete al cuerpo a una serie de desafíos poco habituales: cambios de zona horaria, exposición a microorganismos diferentes a los del entorno habitual, alteraciones del sueño, cambios de dieta y, frecuentemente, mayor estrés logístico. No es casualidad que muchas personas regresen de un viaje con algún malestar digestivo, respiratorio o simplemente agotamiento que tarda días en resolverse. Con la preparación adecuada, muchos de estos problemas son evitables o, al menos, manejables de forma más efectiva.

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Antes del viaje: preparación que marca la diferencia

Investigar requisitos de salud del destino

Distintos países y regiones tienen perfiles epidemiológicos diferentes, lo que puede implicar recomendaciones específicas de vacunación o profilaxis según el destino, la temporada y las actividades planeadas. Consultar con anticipación (idealmente 4-6 semanas antes del viaje, ya que algunas vacunas requieren tiempo para generar inmunidad completa) permite implementar las medidas preventivas necesarias sin prisas de último momento, además en tu hotel u hospedaje puedes revisar un laboratorio clinico cerca de ti para utilizarlo en caso de emergencia.
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Armar un botiquín básico de viaje

Incluir medicamentos de uso personal habitual en cantidad suficiente para todo el viaje (más un margen de seguridad), analgésicos básicos, medicamento para malestar digestivo, repelente de insectos apropiado para el destino, y protector solar son elementos que facilitan el manejo de imprevistos menores sin depender de encontrar farmacias en un entorno desconocido.

Dormir bien los días previos

Llegar a un viaje con déficit de sueño acumulado debilita la respuesta inmune y hace más difícil adaptarse a los cambios de horario, especialmente en vuelos largos con cruce de zonas horarias.

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Durante el vuelo: minimizando el impacto fisiológico

Hidratación constante

El aire en cabina tiene humedad considerablemente más baja que el aire a nivel del suelo, lo que acelera la deshidratación. Beber agua regularmente durante el vuelo, evitando el exceso de alcohol y cafeína (ambos diuréticos que intensifican la deshidratación), ayuda a reducir la fatiga post-vuelo.

Movimiento periódico

Permanecer inmóvil durante periodos prolongados aumenta el riesgo de trombosis venosa profunda, particularmente en vuelos largos. Levantarse y caminar por el pasillo cada hora o dos, o realizar ejercicios de movilidad de piernas en el asiento, reduce este riesgo y mejora la circulación.

Higiene de manos

Las superficies de alto contacto en aviones (mesas plegables, reposabrazos, pantallas) son reconocidas como reservorios de microorganismos. El lavado frecuente de manos o el uso de gel desinfectante, especialmente antes de comer, reduce el riesgo de infecciones respiratorias y gastrointestinales asociadas a viajes.

Manejo del jet lag

El desfase horario ocurre porque el reloj biológico interno tarda en sincronizarse con la nueva zona horaria, generalmente a un ritmo de aproximadamente un día por cada hora de diferencia. Algunas estrategias con respaldo en medicina del sueño:

  • Ajustar la exposición a luz: buscar luz brillante en momentos estratégicos según la dirección del viaje puede acelerar la adaptación del ritmo circadiano
  • Ajustar horarios de comida al nuevo huso horario lo antes posible: las señales de alimentación también influyen en la sincronización circadiana
  • Considerar melatonina de bajo dosis bajo supervisión: en algunos contextos puede facilitar el ajuste del sueño a la nueva zona horaria, aunque su uso debe consultarse según el caso individual
  • Evitar siestas largas al llegar: aunque la tentación es grande tras un vuelo largo, dormir varias horas durante el día retrasa la adaptación al nuevo horario

Cuidado digestivo: la preocupación más frecuente del viajero

La llamada “diarrea del viajero” es uno de los problemas de salud más comunes asociados a desplazamientos, particularmente a regiones con estándares sanitarios diferentes al lugar de origen. Las medidas preventivas con mayor respaldo incluyen:

  • Preferir agua embotellada o purificada sobre agua del grifo en destinos donde la calidad del agua es incierta
  • Evitar hielo de origen incierto en bebidas
  • Priorizar alimentos bien cocidos y servidos calientes
  • Pelar frutas personalmente en lugar de consumir frutas ya peladas de vendedores ambulantes
  • Tener precaución con mariscos crudos o poco cocidos, particularmente en destinos con cadena de frío incierta

Protección solar y exposición ambiental

Los destinos vacacionales frecuentemente implican mayor exposición solar de la habitual, lo que requiere atención específica a la protección con protector solar de amplio espectro, reaplicado regularmente, especialmente tras nadar o sudar. En destinos con mosquitos transmisores de enfermedades, el uso correcto de repelente registrado es una medida preventiva con impacto significativo en la salud del viajero.

El regreso: por qué algunos síntomas merecen atención

La mayoría de las molestias asociadas a viajes (fatiga, malestar digestivo leve, congestión) se resuelven espontáneamente en pocos días tras el regreso. Sin embargo, ciertos síntomas que aparecen tras un viaje, especialmente a destinos con riesgo de enfermedades infecciosas específicas, ameritan evaluación médica: fiebre, diarrea persistente más de unos días, erupciones cutáneas inexplicadas, o cualquier síntoma significativo que se presente dentro de las semanas posteriores a un viaje a una zona con riesgo epidemiológico particular. Informar al médico sobre el historial de viaje reciente es información clínicamente relevante que facilita el diagnóstico correcto.

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