Elegir un protector solar debería ser fácil. Vas a la tienda, ves un envase, lees “FPS 50”, lo compras y listo. Pero no. En cuanto una persona empieza a buscar, aparece un pequeño laberinto con términos como “amplio espectro”, “mineral”, “químico”, “acabado mate”, “oil free”, “resistente al agua”, “no comedogénico” y, por si faltaba algo, …






