Hay una hora del día que tiene fama de traicionera. No es la mañana, cuando todo parece todavía medio salvable, ni la noche, cuando al menos uno ya sospecha que va bajando la cortina. Es la tarde. Ese tramo extraño en el que el cuerpo empieza a cobrar facturas: el desayuno fue flojo, la comida …
Qué hacer cuando por la tarde aparecen antojos de dulce









